Una noche paseando a
su perro, Carlos y Martín, decidieron pasar por el Puente.
Carlos se tropezó, se cayó y se quebró. Martin gritó y el
perro se escapó.
Llamó a la ambulancia y le enyesaron el brazo.Vio al perro
caerse al agua y ahogarse.
Y entonces otra vez gritó. Se quedó inmóvil, sin poder hacer
nada para rescatarlo.
Un día después, Martín seguía sintiendo como si su perro le
estuviese lamiendo la pierna, como solía hacerlo.
Le hicieron el velorio, para que su espíritu lo dejara en
paz. Pero hasta hoy Martín siente, todavía, su lamida.
Javier Uviedo 7ºD

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